Thursday

Stars’ brightness cross up the celestial vault was brightness perhaps did not exist in that September’s night. That brightness had begun to travel humanly unthinkable distances to shake then. In the same way, I looked for to move away to a coordinate that allowed me to retrace my steps and to live the facts jump out of my skin. Like aunt Idoia does on that mourning when she renders her empathy to imply herself. Thanks to my roundtrip to the sidereal space, I felt like a star of mutable light: in effect, I was there and in that time, I was present, offering my vividness to the dark that would swallow it forever and ever. As those stars whose firelight still today shock to me just as then when in fact it they were extinguished a thousands of years ago.



El brillo de las estrellas que tachonaban la bóveda celeste era un brillo que quizá no existía en aquella noche de septiembre. Aquel brillo había comenzado a viajar hacía mucho tiempo desde distancias humanamente impensables para temblar entonces. De la misma manera, yo buscaba alejarme a una coordenada que me permitiera desandar mis pasos y vivir los hechos a flor de piel. Como hizo la tía Idoia al prestar su empatía para implicarse en aquel velatorio. Gracias a mi viaje de ida y vuelta al espacio sideral, me sentí una estrella de varia luz: en efecto, estaba allí y en aquel tiempo, estaba presente, ofreciendo mi viveza a la oscuridad que la engulliría para siempre jamás. Como aquellas estrellas cuyo fulgor todavía hoy me conmocionan igual que entonces cuando en realidad hace miles de años que se apagaron.

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